Software Libre, políticamente correcto. Y la Cultura ¿también?
Dec 29th, 2007 by Srta Cyborg
Si hasta hace poco visualizábamos la tecnología como forma de disidencia cultural, hoy el software libre ya es políticamente correcto. Entramos en la era de las contradicciones. Y son serias. Yo misma soy un ejempo de ello en algunos posicionamientos respecto a la cultura tecnológica actual.
Este ha sido el año en que hemos visto avanzar al software libre en España por la vía de la institucionalización y legitimación cultural, contando con los apoyos que aportan las administraciones públicas del estado(s). Libremeeting, Granada, creación del CENATIC, Montserrat Boix impulsando próximamente una ‘plataforma ciudadana’… y hasta Belloch anunciando con sonrisa ancha, la primavera pasada, que “en Zaragoza se había acabado el despotismo digital“.
Nunca nadie aclaró aquella frase -aunque intentamos contactar con su jefe de prensa para que nos lo explicara y para que explicara sobre todo la diferencia entre la Ilustración tecnológica zaragozana y lo que vienen haciendo desde hace alguños años en Extremadura o Andalucía. Pero nadie lo aclaró. Aunque estas últimas semanas parece que se van aclarando las cosas. No sin poner en evidencia importantes contradicciones dentro del llamado “movimiento” a favor del software libre, la cultura libre y el conocimiento compartido.
En este país el asunto del Software Libre va a acabar siendo lo que los genéricos a la industria farmacéutica y la sanidad pública. Esto lo digo ya, y eso es lo que me temo. Me temo lo peor.
Esto ha de ocurrir especialmente en entornos en los que se cuenta demasiado con el papel de la administración pública, como es el caso de nuestro provisional Estado del bienestar y las autonomías. Las reclamaciones ciudadanas en pro del software libre corren el peligro de malentender y desvirtuar la esencia anárquica y libertaria del propio movimiento, los cantos administrativos a la sostenibilidad y la economía solidaria solo hacen que regurgitar para sus propios intereses contenidos libres en nombre del ‘bien común’.
¿Pero es eso lo que quiere el “movimiento” en esencia? ¿Lo que su existencia en el margen emergente permitía? Me temo que no, que lo que el software libre en origen pedía no es lo mismo que lo que las masas legitimadas y las administraciones concienciadas ahora reclaman. Hablemos con personajes como Richard Stallman (Free Sofware Foundation) o John Hall (Linux Internacional), dos gurus feroces tremendos, más conocidos como Deity y Maddog.
Desaprovecharemos, en nombre de una supuesta justicia social, la enorme potencia innovadora y desarrollo emprendedor independiente a que el software libre invitaba. ¿Dejará de ser Innovación para ser mera funcionalidad (administración electrónica, historial médico universal interoperativo, etc)?
Lo convertiremos en una cuestión de desarrollo capitalista sostenible en lugar de una oportunidad para le ética. Richard Stallman diría –lo ha dicho– que no es que él desarrollara el software libre para que desarrolláramos una economía tecnológica más sostenible desde el gasto público o privado y más afín a nuestras necesidades económicas de hiperproductividad capitalista sino, por el contrario, pensando en cuestiones que nada tienen que ver con el dinero sino con los derechos humanos y la libertad. No es que uno desarrolle software libre para hacer mejores negocios o tener unos costes en tecnología más baratos –señores del CENATIC, de Extremadura, de Andalucía o de Zaragoza– sino simplemente para que todos seamos más libres y sepamos lo que nuestro software (como las patatas fritas o los yogures) nos hace y contiene, aunque eso suponga renunciar incluso a que nuestra vida sea económicamente mejor.
¿Han entendido esto los que se apuntan al carro? Lo dudo; en Granada solo oímos cantos de sirena en boca de banqueros, recién venidos, representantes de la Junta y demás. Está muy bien eso de ofrecer más pan a las masas utilizando la promesa de la tecnología (la tecnología os enriquecerá y hará más libres y mejores ciudadanos), pero me temo que no va a funcionar, sería demasiado confiar en la bondad de la humanidad. No funcionaron antes la sanidad ni la educación como promesas (Francois Dubet, Le déclin de l’institution).
¿Están dispuestos a algo que se hace porque sí? ¿Por el Bien y un sentido más absoluto de la Justicia y no por la riqueza y el desarrollo y el progreso? ¿Están dispuestos –cómo preguntó Francis Pisani en su conferencia– los representantes de todas esas administraciones que lo adoptan a que el sofware libre y su cultura y valores signifiquen una cuota menor de poder? ¿Un poder y una economía más distribuidos? Menos riqueza y más para todos. ¿Están los bancos dispuestos a asumir un modelo de capital que no se sabe aún ni como se capitaliza, o incluso un Poder del Capital menor?
Sí, hagamos las cosas con software libre y defendamos los valores de la cultura y el conocimiento libre, pero entendamos bien sus contradicciones. Cuando personajes como Stallman hablan de todo ello se enraízan en expresiones estrictas para evitar la tergiversación. Esto puede parecer de una obcecación pretenciosa, pero tiene su valor. Nuestro trabajo, el de los evangelizados, no es ser tan íntegros ni integristas como el maestro sino trabajar en entender la contradicción o contradicciones que todo esto genera en el mundo.
En la semana misma en que se perdía la larga lucha por el canon en España, Richard Stallman daba una conferencia en Granada en que se posicionaba de una manera tan clara frente al asunto de cómo la tecnología afecta el arte y la cultura que no debiera haber dejado duda a los que aún no sabían qué pensar ante la votación por el canon en el Parlamento. Pero la fuerza integrista del movimiento es tan grande que ya ni siquiera la voz del guru se puede oir entre una muchedumbre enfervorecida que reclama que se despelleje al artista y las gentes de la cultura via las sociedades de recaudación de autores “en nombre del bien común”.
Ayer, hoy, las asociaciones de internautas y los expertos en Redes se vanogloriaban de lo que la cultura libre propulsa, sin haber escuchado bien a su guru y arremetiendo ahora contra su “partido de progreso”, el gobierno de ZP. Si hubieran escuchado bien a Stallman en Granada habría menos griterío. Si fueran capaces de hacer analogías y entender esto del canon desde la lógica política junto a otros fenómenos e impuestos lo entenderían mejor. Si fueran verdaderos productores culturales serios, inversores o artistas implicados y con experiencia en las industrias tradicionales de la cultura, que saben hacer cuentas de lo que cuesta producir en dinero contante y sonante una película, un libro, una canción,… si fueran eso se les quedaría la boquita bastante más pequeña.
Pero no tienen otra cosa que la Tecnología, no tienen ni quieren ya otra Cultura que la que les da la Red y sus medios –bastante limitados, por cierto– de producción cultural. Disenfranchisment, emancipación para lo que convenga, –ahora las artes, !arte para todos, todos somos artistas!– aunque andemos por ahí tan sumisos en todo lo demás.
El gobierno de ZP –como partido del progreso en el gobierno– jamás eliminará voluntariamente los aranceles sobre los nuevos soportes digitales en que actualmente se distribuye la Cultura porque eso sería como eliminar los impuestos por el alcohol, por aparcar en la calle o el IVA. Tampoco lo hará jamás el PP. Y, a lo mejor, hacen bien. Y si cualquiera de ellos lo hacen (lo acaban haciendo) será pura demagogia: para ganar popularidad. Será porque les sangre demasiado la popularidad del partido por ese lado, porque sea un sacrificio necesario y no demasiado grande. Pero no por nada más y no por nada que tenga que ver con la Justicia Social. ¿La de quién?
Al fin y al cabo: ¿tanto valen los votos de unos cuantos artistuchos trasnochados, siempre bohemios y muertos de hambre? No suman apenas todos los sindicatos de artistas y la comunidad implicada amparados en la(s) sociedad(es) de gestión los números luminosos que sumaron los de la campaña digital de firmas contra el canon. Ya se ha visto esto también en Hollywood. The artist must die, que decía en Las Horas Virginia Woolf. Para que unos vivan, otros habrán de morir. En una decapitación jacobina solicitada por las masas ante el Partido del Nuevo Orden (Obrero) Digital. Sacrifiquemos al más inocente, al artista, al Cordero de Dios, a cambio de unos cuantos votos –está siendo de vértigo observar el cambio de color de las opiniones políticas desde el día de la votación en el Congreso. Que pierda lo poco que gana y con lo que malvive. Y eso sí, queremos su arte GRATIS. Entonces, cuando convenga, se les sacrificará y se levantará el famoso arancel. Pero yo soy una clásica y soy de las que cree y seguiré creyendo –por mucha tecnología que se nos eche encima– que la Cultura es una flor extraña. Que es una de esas cosas a las que hay que curar, cuidar, nutrir y proteger, bien sea en formato analógico, bien sea en formato digital. Y por las que vale la pena pagar lo que la cultura vale cuando vale algo para quien la hizo… No me importa a mi pagarle mi dinero a los Artistas en forma de impuesto indirecto, si con eso van a poder crear más y crear con mayor libertad que la que les da su Hambre y su falta habitual de recursos. Eso sí que es revolucionario, si lo quieren ustedes entender. ¿O no nos iba a hacer el arte también más libres? También.
Que la manera en que se aplica ese impuesto deba ser racionalizada y mejor aplicada es otra cuestión. Que es necesario aplicarlo con mayor precisión y lógica, modalidades de uso y radiodifusión (broadcasting y webcasting) para la reproducción de obras culturales, desde luego. Que ninguna sociedad de gestión en particular deba tener la exclusiva de sus modelos y maneras de recaudación, de acuerdo. Y así se pidió por distintos motivos en el Congreso: que se vigilara mejor lo que hacen las sociedades de gestión, pues es cierto (entre otros numerosísismos argumentos posibles) que no siempre usamos nuestros soportes y dispositivos para copiar obras de cultura. Pero no importa que lo hagamos o no, mientras el dispositivo lo permita así y no haya manera de controlar lo que con él puede hacerse de manera indiscriminada (para muestra, el top manta). Queda pues mucho trabajo por hacer, si el canon continúa, en aclarar todas las modalidades de recaudación, pagos y licencia para la reproducción de las obras de cultura que los medios de distribución electrónica hoy permiten. Esto lo saben bien personas como Javier de la Cueva, o expertos en los derechos de la cultura, que luchan bien y luchan enfocados.
Lo que Stallman dijo en Granada, para los integristas que quieran aclarar sus principios anti-canon, es que su noción del software libre se aplica a aquellas producciones culturales que existen para ser usadas. Y que no estaba “nada seguro”, pero nada, de que eso se pudiera aplicar de la misma manera al Arte. Que existe y se consume y se distribuye por otras razones. Lo que Stallman pedía en Granada respecto a la recaudación de esos aranceles y como afectan a los artistas es –muy a la Robin Hood– que se redistribuyera mejor el beneficio de lo recaudado entre los artistas (con otro ratio más ajustado a la justicia social), pero NO que se eliminara el sentido y la necesidad por la cual los artistas debieran tener derecho a ser retribuidos por la copia ad infinitum de sus obras maestras en la era de la reproductibilidad electrónica. Eso dijo el gurú.
Y quien quiera ahora hacer el ridículo y ponerse el banner anti-Zapatero contra Zgae de la Asociación de Internautas, que vaya y lo haga. En aguas revueltas, digo yo que es mejor ser más cautos.
UPDATE 3/3/08: Hablando de canones y coliflores, léase el artículo de Joaquín Rodríguez en Los futuros del libro…